El libro que convierte las burbujas en una fase, no en un accidente. Pérez —venezolana y británica, nacida en Caracas en 1939, discípula y colega de Christopher Freeman en el SPRU— toma de Schumpeter la idea de que las innovaciones llegan en racimo y la ordena en un patrón de unos cincuenta años que, según ella, se ha repetido cinco veces desde 1771: la Revolución Industrial en Gran Bretaña (1771), el vapor y los ferrocarriles (1829), el acero, la electricidad y la ingeniería pesada (1875), el petróleo, el automóvil y la producción en masa (1908) y la informática y las telecomunicaciones (1971, con el microprocesador de Intel como big bang). Cada oleada tiene la misma forma: un periodo de INSTALACIÓN en dos tiempos —irrupción y frenesí—, donde el capital financiero se separa de la producción, financia la infraestructura y se emborracha; un PUNTO DE INFLEXIÓN que casi siempre es un crash y una recomposición institucional; y un periodo de DESPLIEGUE —sinergia y madurez—, la edad dorada, cuando el dinero vuelve a la producción y el paradigma reteje el resto de la economía. La consecuencia incómoda es que la burbuja cumple una función —paga las vías, el cableado, los centros de datos— y que la edad dorada no llega sola: llega si alguien cambia las reglas después del golpe. Las figuras del libro, esas curvas en ese blanco y negro de manual académico, se han vuelto la forma en que medio Silicon Valley se explica a sí mismo dónde cree que está.






