El 1 de enero de 2016 Lieberman publicó un sketch de código para celebrar el año nuevo, como hacía cada enero, y al día siguiente hizo otro. Diez años después sigue. La charla no es sobre disciplina sino sobre lo que le pasa a una idea cuando la repites: empezó explorando un algoritmo de luz y reflexión hasta que su hijastra —que ejerce de directora de arte— le dijo que estaba haciendo siempre lo mismo, y saltó a las formas orgánicas, a los blobs, a la extrusión, al sombreado, siempre con el mismo método: coger algo simple y subirle el volumen al once para ver qué verdad esencial queda cuando lo llevas al punto de romperse. De ahí salen las ideas que se quedan. La primera es de Corita Kent, cuya regla siete dice que la única regla es trabajar: si repites algo lo suficiente empiezas a hacer atajos, y esos atajos son tu estilo. La segunda es que un artista no puede ver su propio trabajo como lo ven los demás, así que Lieberman piensa en una matriz de cuatro casillas —me gusta y les gusta, no me gusta y no les gusta— y aprende en las dos casillas cruzadas, donde sus ideas están fuera de sintonía con el mundo. La tercera es que publicar no es lo mismo que aceptar encargos: «el DJ no toma peticiones», porque hay demasiadas voces diciéndote que lo que haces no es suficientemente bueno y solo una merece atención, la curiosidad infantil que te metió en el medio. Y contra la idea de que programar ya no hace falta —cita a Jensen Huang diciendo que los niños deberían dejárselo a la IA y discrepa en redondo—, defiende que la computación es el medio central de nuestra época y que además de técnico es cultural. El final es lo mejor de la charla: enseña los comentarios que recibe, desde «precioso y nauseabundo» hasta la gente que le dice que su trabajo parece una migraña ocular, y se queda con dos. Uno de alguien que miró unas imágenes fijas y escribió que no lo dirías de un vistazo, pero eso es trabajo basado en el tiempo. El otro dice: tuve un mal día, vi tu trabajo, ahora mi día es bueno. Gracias. Eso es lo que persigue: hacer algo que te haga sentir algo y compartirlo esperando que le llegue a alguien en el momento justo.









