Doscientas setenta y dos páginas dedicadas a una sola cosa: la marca que se hace con letras y nada más. El libro se parte en dos. Primero un catálogo: cientos de logotipos agrupados por clasificación tipográfica —serif, sans, display, manuscritos, geométricos— apretados en una retícula con sus créditos en rojo al pie de página, de manera que se pueden comparar treinta soluciones al mismo problema en un golpe de vista. Después los casos: un estudio por doblete, con la ficha arriba (cliente, tipografías, logotipo) y abajo las aplicaciones —papelería, carteles, envases— que demuestran que el nombre aguanta fuera de su lámina. Su tesis no se enuncia, se ve: cuando el símbolo desaparece, todo el peso cae en el dibujo de la letra, y ahí es donde se distingue el trabajo hecho de la fuente comprada. Fotografiado sobre fondo negro, más objeto que manual.











