Judy Fan dirige en Stanford un laboratorio que estudia lo que llama herramientas cognitivas: objetos que inventamos para pensar mejor. Empieza por la más humilde, la recta numérica —la naturaleza no nos la dio; cita a Gaudí: no hay líneas rectas ni esquinas en la naturaleza— y por las coordenadas de Descartes, que convirtieron problemas de álgebra en buscar dónde se cruzan dos curvas y acabaron en todos los colegios del planeta. La historia que cuenta va de las paredes de Chauvet a los pinzones de Darwin dibujados por John Gould, las lunas de Júpiter de Galileo, la retina de Ramón y Cajal y los diagramas de Feynman: unas imágenes son fieles y otras esquemáticas, pero todas usan la abstracción visual para enseñar lo que importa ver. La primera mitad es sobre el dibujo a mano. En un juego por parejas, quien dibuja tiene que señalar un objeto entre otros: si los demás son de la misma categoría dibuja con detalle; si son de otra, se conforma con un garabato —menos trazos, menos tinta, menos tiempo— y se le entiende igual. En otro estudio la gente dibuja unas máquinas que encienden una luz, una vez para que otro sepa cuál es y otra para que entienda cómo funciona. La explicación no es un dibujo con flechas añadidas: quita fondo, carga los trazos en las piezas que mueven el mecanismo, pone flechas y líneas de movimiento, y por eso sirve para entender cómo funciona pero peor para reconocer la máquina. Con los toros de Picasso como horizonte, su equipo reunió 90.000 bocetos de unas 5.500 personas, hechos con entre 4 y 32 segundos, y comprobó que las máquinas los reconocen peor que nosotros y que, cuando hay poco tiempo, simplifican de otra manera. La segunda mitad pasa a la visualización de datos, que como el telescopio resuelve lo que no se ve a simple vista, pero aquí lo demasiado grande, ruidoso o lento. El gráfico de Playfair de 1786 no se entiende a la primera, pero una vez que aprendes a leerlo, dice, es un superpoder. Los modelos de visión y lenguaje fallan donde la gente no falla, y sobre todo se equivocan de otra forma; y la gente sin formación elige el gráfico según la pregunta que hay que responder, no por costumbre.











