348 combinaciones impresas a página completa, sin una palabra de teoría. Wada las publicó entre 1933 y 1934 en seis tomos, en un momento en que «combinar colores» no era todavía una idea corriente en Japón: no había un repertorio al que acudir, así que hizo uno. El libro está ordenado por número de colores —dos, tres, cuatro— y cada lámina es solo eso, los campos de color a tamaño suficiente para juzgarlos, con su nombre en japonés y en inglés debajo; al final, la carta completa con los valores CMYK de los 348. Wada era pintor formado en nihonga y al óleo, pasó seis años becado en Europa, dirigió después el Japan Color Research Institute, y en 1953 firmó el color de La puerta del infierno de Kinugasa, que ganó Cannes y el Oscar de vestuario. Esa doble vida se nota: los nombres son de naturalista —Vandyke Blue, Vernonia Purple, Raw Sienna, Deep Indigo— pero los pares están elegidos por alguien que había visto cómo se comportan bajo un foco. Lo que hace hoy es lo que hacía en 1933: se abre por cualquier página y se roba.







Trabajo propio bajo esta influencia. La referencia y lo que salió de ella, en la misma página.

