Mil setecientas veinte marcas en negro sobre blanco, sin un solo color y casi sin texto. En el prefacio Kuwayama explica lo que hizo: recompuso la edición de 1984 y se quedó con 1.720 trabajos de 1.210 diseñadores de 38 países, todos dibujados entre 1970 y 1983, y los ordenó por el motivo del que salen —formas concretas, formas abstractas y símbolos—. Así que no se lee por cliente ni por país, sino por idea: una doble página de barcos y aviones, otra de soles que se ponen, otra de árboles, de tortugas y cisnes, de caras, de figuras humanas reducidas a un círculo y dos trazos. Cada marca lleva solo un número que remite a los índices del final. La ventaja de ese orden es que se ven treinta soluciones al mismo problema a la vez, y se nota enseguida cuál es la buena. El volumen es el segundo de una serie de tres —el primero va de letras, el tercero de pictogramas—, y la edición japonesa salió con cubiertas en amarillo, naranja y rojo flúor; la de Rockport, la que circuló en Occidente, es blanca. Kuwayama había hecho lo mismo en 1973 con Trademarks & Symbols; este es el repaso de la década siguiente, el catálogo del modernismo cuando ya era lengua común.








